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miércoles, 13 de abril de 2016

Hacer de nuestro pasado patrimonio




Dedicado a mis alumnos y alumnas del Programa de Diversificación Curricular de 4º ESO del IES Las Lagunas
“Hay en el ser y pertenecer un profundo consuelo del alma, una sanación íntima que restablece en la persona el sentimiento de ser merecedora de un lugar, de una pertenencia al mundo. Legitimar esta necesidad va más allá de las competencias, méritos, esfuerzos o características propias »
Alain Vigneau


« Hacer de nuestro pasado patrimonio »
Esperanza Samaniego García
Orientadora IES Las Lagunas

A propósito de la nueva incursión educativa de la que me ha hecho partícipe la directora de mi instituto con la creación del blog «Un salto desde Altamira» y la celebración del día de la Mujer, propuse en unas sesiones de tutoría al grupo de Diversificación del centro, como cotutora de este grupo, la lectura y reflexión del papel que desempeñaron las mujeres en la Prehistoria. Tenía curiosidad por indagar cómo percibirían las diferencias según el sexo en estas primeras comunidades humanas en donde ya se apreciaba una clara división de las tareas. ¿Pensarían que había habido mucha evolución en los papeles desempeñados y en su consideración social?
Respondiendo a esta pregunta, prácticamente la generalidad del alumnado de este grupo de 4ºESO piensa que en la actualidad hay menos sexismo que en la Prehistoria. Opinan que en estos momentos se ha conseguido una mayor igualdad de oportunidades en el acceso laboral y mayor acercamiento en la asunción de las labores domésticas que hace unas décadas. 
Todos señalan tareas a las que se dedicaban hombres y mujeres en este antiguo periodo histórico, con una concepción menos preciada de las dedicadas a la maternidad, a pesar de ser imprescindibles para la continuidad de las comunidades. Son conscientes de que —en los primeros momentos de vida de una persona en aquella época— únicamente podían ser alimentados por las madres, aunque señalan que otro tipo de cuidados de las personas más pequeñas y mayores podrían ser abordados por ambos sexos.


Tomando como referencia el artículo « El lugar de la mujer en la Prehistoria » de Margarita Sánchez Romero —profesora del Departamento de Prehistoria y Arqueología de Universidad de Granada— el problema es precisamente que a las actividades a las que se dedicaban las mujeres (relacionadas con «lo doméstico») se les han dado poco valor. Tradicionalmente se ha considerado que no requieren ningún tipo de experiencia o conocimientos para su desarrollo y, aún así, se convierten en fundamentales para cualquier sociedad, independientemente de su modo de subsistencia.
En todas las sociedades conocidas existe una división del trabajo por sexos. Esta separación no significa que un grupo realice tareas menos importantes que el otro, sino que es un mecanismo para poder obtener mejores recursos. Precisamente algunas teorías apuntan que este reparto de roles o funciones está muy relacionado con la maternidad de las mujeres —como señalaba el alumnado—. En sociedades como las prehistóricas, la alimentación de los bebés mediante la lactancia era fundamental y esto hizo que las mujeres se dedicaran a las actividades de mantenimiento y espacio doméstico pero sin que esto significara que su rol era menos importante. Eso vino después, afirma la profesora.
En palabras de Margaria Sánchez «las mujeres son las grandes olvidadas de las sociedades prehistóricas. Tenemos la visión de que el individuo-tipo de esa época es el adulto masculino, prácticamente occidental, y nos olvidamos del resto de los miembros del grupo». En las sociedades de la Prehistoria no tenemos datos que nos lleven a pensar que las mujeres no cazaban o que no intervinieron en determinadas producciones, como las de la piedra tallada o la metalúrgica. Además, muchas imágenes del pasado las muestran plenamente integradas en cuestiones rituales y religiosas. Por otra parte, los ajuares funerarios que encontramos en las sepulturas muestran que sí había diferencias entre más o menos importantes pero no muestran, por ejemplo, diferencias entre hombres y mujeres. 
De esta forma podemos concluir diciendo que la sociedad prehistórica era más igualitaria que la sociedad moderna. Al menos, por lo que respecta al reparto de tareas entre los hombres y las mujeres. Como sabemos, las mujeres no sólo se dedicaban a la crianza; también a la caza menor, a la pesca o a cultivar el campo. Puede parecer sorprendente, pero las sociedades que giran en torno a la naturaleza y viven en contacto directo con ella actúan de manera más igualitaria.
Terminada esta propuesta comparativa entre las diferencias del papel de las mujeres en la Prehistoria y en la actualidad, se me ocurrió plantear una segunda parte del trabajo al grupo después de acudir a la presentación del libro « El Clown esencial », de Alain Vigneau, en La Térmica el día 9 de marzo. En palabras del autor, este libro surge de las observaciones, reflexiones y experiencias que ha registrado a lo largo de estos últimos veinticinco años dentro del ámbito artístico-terapéutico del clown.

Alain Vigneau, clown y terapeuta gestáltico, toca lo más profundo con ternura y cuidado haciéndonos ver que la vulnerabilidad es un espacio donde conectamos con nosotros y nosotras mismas, y nuestro pasado, sea cual sea, es nuestro patrimonio. Desde esta vulnerabilidad en la que se celebra nuestra torpeza e inutilidad, nuestros éxitos y nuestros fracasos, para mirarnos sin culpas ni prejuicios, para tomarnos tal como somos y para abrazar nuestra realidad interna, conecté con esta idea tan potente para mí de que nuestro pasado se convierte en nuestro patrimonio.

Les pedí entonces a los alumnos y alumnas de Diversificación que preguntaran a las mujeres significativas y cotidianas de sus vidas —madres, abuelas, tías…— cómo había sido su experiencia de ser mujeres en la vida y qué recomendaciones les daban al respecto. Pretendía que fuera un ejercicio de escucha familiar, de esos en los que se trasmiten preciados legados que dejan huella y a los que se pone en valor la voz de las mujeres y nos empoderan.

También ellas hablan de maternidad y trabajo en la sociedad actual y lo hacen orgullosas de ello. Rocojo aquí algunos fragmentos de las anotaciones de esas conversaciones o entrevistas que los alumnos y alumnas hicieron al respecto con estas mujeres y que han querido compartir tan generosamente:

«Ser mujer es un privilegio. La forma de decir de qué manera me ha repercutido ser mujer se resume en la persona que soy hoy. Mi familia, mi trabajo y mi casa está ligado a mí como un vínculo inexorable por muchas penas que haya sufrido. Siempre he sabido levantarme con el apoyo de mis vínculos. He de decir que lo más hermoso que he experimentado hasta el momento es cada instante que paso trabajando en lo que siempre deseé y viviendo con la familia que tuve». (José Torreblanca González)

Otra alumna, Lourdes Llamas García, comenta en clase que su madre le ha dicho que «ser mujer es una alegría» y que para ella lo más importante es ser madre. El consejo que le aporta es que «nunca dependa de nadie; que sea independiente».

Esta es una recomendación bastante repetida en el grupo. Hablamos de la importancia de formarnos para encontrar un trabajo que nos guste y nos permita ser personas autónomas, que nos permita tomar nuestras propias decisiones en la vida. 

La madre de Manuela Camargo Bonilla le explica que ser mujer ha sido un bien para sus hijas e hijo y que ha tenido más dificultades en el terreno laboral y sentimiental que los hombres. Le da el consejo de «que no tenga prisa en tener novio porque todo tiene su tiempo y pueda disfrutar sin preocupaciones». También le habla sobre «la importancia de hacerse respetar y estudiar».

A Andrea Rojas Rubio su madre le ha contado lo que le ha marcado ser madre y que lo más preciado que tiene son sus hijas. Le recomienda que viva «todo a su tiempo». Como vemos, esta es otra idea que se repite: hay un tiempo para cada cosa y un momento en el que podrán abordar cada situación con más satisfacción y responsabilidad.

Este ha sido el trabajo desarrollado por el grupo de Diversificación sobre el relevante papel de las mujeres en la Prehistoria y de escucha activa de las experiencias y aprendizajes que a sus madres les ha brindado la vida.

domingo, 27 de marzo de 2016

La tela de araña



La desaparición de la mujer y de lo femenino de la esfera de lo público se produce cuando se invierten los papeles. En nuestros comienzos como especie, lo importante es la maternidad, es lo que asegura la supervivencia del grupo, y por ello el grupo protege a las mujeres. El hombre es sustituible, no importa poner en riesgo la vida de los hombres, pero ellas resultan imprescindibles. Así se produce el reparto de papeles, la división del trabajo, entre los cuidados y el mantenimiento de la especie y el suministro de los medios para la supervivencia, mediante la caza (fundamental para la alimentación del grupo y para que las madres puedan alimentar mediante la lactancia a la prole).
En algún momento de la historia (con el descubrimiento de la aportación masculina a la fecundación, probablemente, como en otra entrada de este blog se comenta), comienza esa inversión de los papeles.
Ahora la mujer ya no hace nada importante, ahora la mujer desaparece del ámbito público. Pero ¿desaparece realmente? Nunca ha desaparecido de ese ámbito, siempre ha estado ahí. El problema es que hemos hecho desaparecer las categorías de lo femenino de ese ámbito público. En él las categorías son las categorías de lo masculino y, así, nos vemos obligadas a juzgar lo que las mujeres hacemos desde unas categorías que no nos corresponden. Categorías basadas en la competencia, violenta o no, en la rivalidad, en el enfrentamiento. Y esas categorías no representan necesariamente lo femenino.
Pero estas categorías no nos corresponden porque, realmente, tampoco corresponden a lo masculino. Esa es precisamente la trampa de la tela de araña en la que la sociedad nos hace caer. Si eres mujer, tienes que responder a una serie de categorías con las que has de sentirte identificada, en las que nos hemos de sentir reflejadas. Seremos “buenas mujeres” si somos cariñosas, fieles, amables, entregadas, respetuosas hacia los demás, sobre todo hacia los hombres, sacrificadas por los demás. Todas estas categorías nos niegan lo que por definición somos como seres humanos. Pero esta trampa también sirve para lo masculino. Y aquellos que no sean competitivos, violentos, infieles, desleales, etc., no son considerados “machos”, valiosos.
Se trata en cierto modo de romper con esa categorización que nos hace amoldarnos a unos rasgos con los que no necesariamente nos sentimos identificados, ni unos ni otros
Recuperar los valores femeninos no tiene por qué significar rechazar los masculinos, sino eliminar esa separación entre lo femenino y lo masculino, compartir esos valores, esas categorías, sentirse reflejados en aquellos valores o categorías con las que mejor nos sintamos. No importa que esos valores hayan representado hasta ahora a las mujeres o a los hombres. En definitiva, somos personas.

jueves, 17 de marzo de 2016

“La Historia la escriben siempre los vencedores”


L
La frase pronunciada por Orwell podría encabezar perfectamente el pequeño trabajo que durante un trimestre elaboraron un grupo de siete alumnas de cuarto de secundaria del IES Las Lagunas para la materia de Cultura Clásica. 

Sólo pretendíamos rebuscar, de una forma sencilla, en una época de grandes guerras y conquistas alguna huella de la voz de las mujeres.

¿Qué se sabe de las mujeres en la Antigüedad  Clásica?  La mirada que de ellas tenemos es la de los hombres que gobernaban las ciudades y construían su memoria.

Los grandes escribas, indiferentes al entorno privado, mostraban interés sólo por un mundo en el que ellas no solían, ni podían entrar.

A veces, cuando lo intentaban, los pensadores se inquietaban como ante un desorden que provocaba los mismos estereotipos que hoy en día. Esto es así desde Heródoto o Tito Livio. En Roma las mujeres contaban para el censo sólo si eran herederas.

A las mujeres se las representa antes de que ellas mismas hablen. Las diosas poblaban el Olimpo de ciudades sin ciudadanas; la Virgen reina en los altares donde ofician sacerdotes. Todo lo ha inundado siempre una mujer imaginada e imaginaria.

Filósofos, juristas, teólogos, historiadores, pedagogos… han definido siempre a las mujeres por el lugar que deben ocupar, por sus deberes.

La historia de las mujeres es la de su acceso a la palabra. Mediatizada, aún hoy por sus portavoces, los hombres.

No obstante, a pesar de la gran invisibilidad, encontramos ciertas huellas, ciertas voces…


miércoles, 16 de marzo de 2016

Luma, la pintora de Altamira

La pequeña niña observa todos los días el ritual de su padre, el trabajo que le habían encomendado para el resto de su vida: obtener colores de la propia naturaleza,  ¿para qué? Para crear lo que hoy llamamos arte, un arte que para ellos no era otra cosa que un ritual, una llamada a la naturaleza, a los dioses y las estrellas para ayudarlos en la caza.

La joven niña aprende como buena discípula la técnica de la obtención de pigmentos a través de la naturaleza. Para  las líneas gruesas se utiliza carbón vegetal, con algunos minerales conseguimos amarillos y ocre y hasta de algunos fluidos se obtienen colores. Ella no sabe leer, ni casi interpretar las imágenes, pero tiene una cosa clara, las quiere pintar, las quiere plasmar en las cuevas, dejarlas, sin saberlo aún, para siempre en los libros de la historia del arte.

Sabe de colores, obtenerlos, desde pequeña lo ha visto,  pero no es eso lo que le interesa.

A ella le interesa dibujarlos. 

Lo hace desde pequeña en la tierra húmeda de su alrededor, en la arena del suelo y hasta en los troncos de los árboles, dibujar los animales que ve a su alrededor.

Pero ella sólo tiene un pensamiento, solo uno le atormenta, y es cómo decirle a su padre que no le interesa su trabajo, que por nada del mundo querría dicha tarea. Su sueño está relacionado con los colores, sí,  pero con otro fin: utilizarlos para crear arte. 

La inocente niña el único problema que ve en su decisión es decepcionar a su padre por no seguir su camino, decirle que no quiere obtener pigmento, que para ella su sueño es pintar y dibujar, transmitir con su arte. 

Nadie le ha planteado a esa niña que el verdadero problema es haber nacido niña, que su verdadero problema radica en su sexo, en ser mujer y que la única tarea encomendada para ella no es otra que la de criar niños, amamantarlos y ser recolectora, que la única manera de dejar su huella en la historia de arte  de la humanidad es ser la madre o la mujer de alguien.

La historia del arte está creada y contada por y para  hombres, la huella de la mujer es casi imperceptible en veinte siglos de historia de la humanidad. 


martes, 15 de marzo de 2016

Ellas

Nerea Reinford, alumna de 2º de bachillerato del IES Las Lagunas (Rutas Turísticas por España y Andalucía), comparte este relato corto.


Ellas

Existía una pequeña y aislada cueva habitada solo por mujeres.

Ellas mismas decidieron luchar por su vida y sobrevivir ante las adversidades que se le presentaban.

Todas se pusieron de acuerdo y se ayudaron mutuamente en cuanto a comida, agua, abrigo...

Las mujeres de este clan tenían una vida dura pero llevadera. 

Unas cazaban o preparaban la comida y caldos, mientras que otras descansaban o hacían guardia.

Algunas murieron  en enfrentamientos tribales. Se les rindió honra y se pintaron símbolos para tenerlas presentes. 

Esta cueva fue conocida como Altamira.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿Dónde están las mujeres?




Todos sabemos que se hace  necesaria una crítica social y cultural sobre la falta de igualdad en cuestiones de género.  No hay ni que decir que esta inequidad es la base de las otras desigualdades, como la económica, prejuicios culturales en roles masculinos/femeninos, invisibilidad de la mujer en la historia, potenciador de esta discriminación por los medios de comunicación, poca participación política de la mujer, violencia de género en el lenguaje,…,  son algunos ejemplos que motivan estas reivindicaciones por distintos colectivos. La escuela debe seguir trabajando de forma transversal estos temas que hemos de considerar enseñanza de vida. El ámbito escolar es el propiciador de la socialización de las personas, es el lugar donde deben fomentarse las relaciones democráticas, tolerantes e igualitarias entre sexos. Trabajar sobre este campo no es más que fomentar la no violencia, los derechos humanos y el respeto al otro.
Hacer que la equidad entre los sexos sea una realidad no implica competir ni someterse, se trata de romper barreras, falsas creencias y prejuicios.
Estos conceptos son necesarios para alcanzar una educación  integral, que integre las emociones y la ética, que nos lleve a trabajar valores, actitudes y comportamientos.
El papel de la mujer ha variado dependiendo de la época. Los autores que estudian la antigüedad, los mitos, afirman de la existencia de matriarcados en los primeros momentos de la historia. Mitos celtas, irlandeses, hebreos y griegos dan como comienzo del patriarcado cuando el varón tomó conciencia de su papel en la procreación.  Antes de este conocimiento se le otorgó a la mujer un papel predominante en la política y la religión.
En todas las culturas hay cierto paralelismo de adoración a la diosa madre, siendo muchos los títulos que recibía, tanto en Europa, como en Siria y Libia. En el segundo milenio a.C., empiezan a aparecer mitos con protagonistas varones (Zeus…). En Grecia las mujeres estaban bajo dominio de los varones, eran consideradas menores de edad. Su función: producir ciudadanos, aun así nos han llegado algunos nombres: Aspasia de Mileto (maestra de retórica), Safo (poetisa), Artemisa de  Caria (reina de Halicarnaso).
En Egipto se respetaba mucho a las mujeres, aunque no se las consideraba como iguales. Llegaron a dedicarse a distintas profesiones y cuidaron de los negocios. En algunas ocasiones ocuparon la dignidad de faraón.
Entre los aztecas las mujeres eran tratadas en plano de igualdad hasta el surgimiento del imperio. Entonces se las relegó a trabajos domésticos, aunque pudieron ejercer otros como sacerdotisas, doctoras o hechiceras.
En la Antigüedad, como decimos en líneas superiores, la mujer aún conserva algunos derechos: en Roma Imperial, podían divorciarse y tener propiedades; pero no ejercieron cargos públicos.
A pesar de este panorama, nadie puede ocultar el papel de la mujer como algo fundamental. Han participado en la economía de forma activa desde el principio de los tiempos.
En los albores de la Revolución Industrial, hombres y mujeres, trabajaban 18 horas diarias, sin vacaciones, sin descanso semanal.
Han dado muestra de su valía en el mundo político, cultural y militar: Isabel I de Inglaterra, Catalina II de Rusia, la reina Victoria, Juana de Arco, Haydée Santamaría,…, son algunas muestras.
La conciencia femenina despierta en el siglo XV. Hasta la Revolución Francesa las mujeres como grupo social  no reclamaron sus derechos. Serán algunas mujeres de la aristocracia las que empezaron a emerger en ciertos movimientos culturales (Ilustración): Olimpia de Gouges.  La verdadera conciencia femenina surge a finales del siglo XVIII, en los albores de la Revolución Industrial. Destacan nombres propios como Mary Wollstonecraft detractora de la idea de que las mujeres eran naturalmente inferiores a los hombres, defiende que esa diferencia es por motivo de educación.
Si hablamos de feminismos tenemos que separar su estudio en tres etapas.
-    Las sufragistas: parte de los movimientos que solicitaban el derecho al voto femenino (fines s. XIX-principios s. XX), para ello recurrieron a huelgas de hambre y otras acciones para conseguir sus objetivos.
-    Segunda Guerra Mundial. Supuso la incorporación de las mujeres a las fábricas (armas), pero solo durante los años de la guerra. Tras acabar, volvió a venderse el papel  de la mujer dentro del ámbito del hogar.  En este momento se reivindica temas como sexualidad, familia, lugar de trabajo, reproducción, desigualdades sociales, políticas y culturales. Se levantó la voz contra la violencia de género. Empezó a comercializarse la píldora anticonceptiva.  Entre las voces destaca la de Simon de Beauvoir, Betty Friedan ,…
-     Desde la década de 1990 comienza una nueva fase en el movimiento feminista. En este caso se hace hincapié en la defensa de  mujeres de países en vía de desarrollo y en países subdesarrollados. Se lucha por acabar con los estereotipos, el uso de la mujer en los medios de comunicación y el lenguaje.

Biografía:
Joseph Campbell,  1949 El héroe de las mil caras. FCE
Erich Neumann, 1955. La Gran Madre. Trotta
Evelyne Sullerot, 197o. Historia y sociología del trabajo femenino EDICIONS 62.


domingo, 13 de marzo de 2016

Y , si hubieran sido ellas.

Leo Arjona, alumno de 2º de bachillerato del IES Las Lagunas de Mijas (Rutas Turísticas por España y Andalucía),  comparte con nosotros una reflexión sobre la Historia del Arte y las mujeres.


Y, ¿qué pasaría si de repente nos mueven todos los esquemas y nos dicen que todas las pinturas de la cueva de Altamira, han sido pintadas por mujeres?

¿Cambiaría la Historia del Arte libros y apuntes?

¿Se volverían a interpretar las pinturas y sus significados?

Vemos en esas pinturas  representaciones de  mujeres, pero… ¿fueron ellas las artistas?

Dentro de la Historia del Arte, los artistas más representativos son y han sido en su mayoría hombres, pocas mujeres conocidas…

Algunos pensaran que si las mujeres hubieran pintado las paredes de la cueva, habría datos sobre cómo cuidaban a sus hijos, o como se quedaban en la cueva esperando a los hombres del clan. Porque sí, eso es lo que piensan la mayoría sobre lo que hacían  anteriormente las mujeres.

…Sobre lo que hacían…No, aún son muchos los hombres y  las mujeres que  siguen aceptando este rol para ellas, visión prehistórica de la mujer.

¿Nos imaginamos a una mujer fuerte, aglutinando pigmentos, manchándose los dedos para pintar en la pared escenas típicas de su vida? ¿Y a un hombre prehistórico (o no tanto) cuidando a los hijos y cocinando mientras la mujer caza? Qué difícil abstracción.

Nunca podremos afirmarlo, pero ¿por qué no pudieron ser ellas las artífices de las pinturas? 




viernes, 11 de marzo de 2016


  Mujeres y Arqueología-1



María descubrió Altamira, tenía ocho años y con los ojos de la inocencia que de todo se asombran y todo lo aprehenden hizo uno de los descubrimientos más importantes de la Historia. Nada más sabemos de ella,  María Sanz de Sautuola, salvo que es la abuela de Emilio Botín, el banquero y en una ardua búsqueda por Internet casi destaca más su función de "abuela de" que de descubridora de las pinturas rupestres de Altamira

 La visión que se tiene de la persona que se dedica a la arqueología ha sido tradicionalmente la de un  Schliemann o un Howard Carter y a partir de los años ochenta pasamos a la de Indiana Jones y posteriormente a la de una Lara Croft, heroína de videojuegos de uniforme ajustado y formas más imposibles que las de la Barbie.

La historia de las verdaderas arqueólogas comienza a la sombra de sus padres y maridos, compañeros de profesión, por ello voy a empezar por una famosa mujer a la que no se le considera ni se la conoce por arqueóloga pero que colaboró y ayudó a su marido arqueólogo haciendo las labores de documentación y catalogación de una manera precisa y admirable y cuya experiencia en los yacimientos y los países que visitó se vieron reflejadas en su actividad literaria, Agatha Christie.
  
 Foto de Left Coast Press and Stuart
 Laidlaw, Institute of Archaeology, UCL

Hija de uno de los hombres más influyentes de Gran Bretaña a nivel arqueológico, director, entre otros muchos cargos, del Museo Británico, Kathleen Kenyon comenzó simplemente fotografiando yacimientos arqueológicos pero terminó convirtiéndose en un ejemplo a seguir. Interesada por el mundo reflejado en la Biblia y siendo un referente en la arqueología bíblica, demostró la colonización neolítica de la zona de Jericó. Rompió moldes con la seriedad de su trabajo en los yacimientos con la aplicación de la excavación por cuadrículas y la importancia de la estatigrafía en sus trabajos, así como desarrollando una importante carrera docente en la insistía a sus alumnos del método divulgativo para que los descubrimientos pudieran llegar a todo el mundo y crear así un interés creciente por la materia.

Hilda Urlin, Petrie, por su marido, pasó de hacer ilustraciones de moda antigua a reproducir escarabeos y de ahí a aprender la profesión de su profesor y posteriormente marido hasta dirigir su propia excavación arqueológica, en la que además creó un equipo prácticamente femenino en el que destacaría la futura egiptóloga y antropóloga Margaret Murray, de quien por cierto se dice que fue alumna de Flinders en Egipto pero a Hilda ni se la nombra. 

Hilda se adaptó fácil y apasionadamente al sistema y al ritmo de trabajo de su marido, Flinders Petrie quien convirtió la excavación arqueológica egipcia en una ciencia, juntos excavaron Dendera, el Rameseum, El-Fayum, Abidos, entre otros. Mientras aprendía la profesión ejercía de enfermera, intendente, dibujante, intermediaria con los patrocinadores, hasta adquirir la experiencia necesaria para que Petrie le confiara su propia excavación.


No sólo debió resultar curioso, sino chocante para la época y hasta peligroso una excavación llevada por mujeres en pleno desierto, de echo se cuenta que Howard Carter, sí el de Tutankhamon, tuvo que poner una queja como responsable de la zona ante el consulado francés por el ataque que sufrieron por parte de un grupo de turistas de esa nacionalidad.

Sin embargo, este incidente se convierte en una simple anécdota entre el monumental trabajo que realizó, las tumbas de la Dinastía XII en Kafr Ammar y las de Saqqara, son otros de los ejemplos de esta mujer imparable que en el corto periodo de tiempo que permanece en Gran Bretaña para tener a sus hijos se dedicó a corregir y supervisar las publicaciones De Flinder Petrie, conseguir mecenas, crear la Egyptian Research Students Association y a dar charlas. Su último trabajo fue la publicación, junto con el resto de arqueólogas del equipo, de su trabajo en las tumbas de Saqqara.
                                                                                       Garrod Collection at the Pitt Rivers Museum
Dorothy Garrod, la primera mujer en alcanzar una cátedra en Cambridge, fue alumna del profesor Maretty y del Abad Henri Breuil, lo que hizo que se dedicara principalmente a la prehistoria y que su primer trabajo arqueológico se desarrollara en la Península, concretamente con el hallazgo neardental de Devil's Tower, después vinieron yacimientos en Francia, Kurdistán y Palestina, donde llegó a nombrar a la cultura natufiense. Como en el caso de Hilda Petrie, siempre que pudo se rodeó en la excavaciones de otras mujeres como de la paleontóloga Dorothea Bate.

To be continued...

Pero si queréis ir cotilleando arqueología hecha por mujeres:

   



     

miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Quién es Mary Henrietta Kingsley?

Esta es la primera de las biografías que iremos compartiendo de todas aquellas mujeres que no han podido ser silenciadas por motivos culturales o religiosos. Nos hemos empeñado en cómo no apagar las preguntas por la educación que reciben las mujeres en la sociedad por mediación de las religiones y por los usos culturales.





martes, 8 de marzo de 2016

¿Cuál era el papel de la mujer en la Prehistoria?

Este es la entrada que he publicado en http://altamirapelicula.blogspot.com.es/. 
de la que quiero dejar constancia en nuestro pequeño espacio.

¿Cuál era el papel de la mujer en la Prehistoria? 


Aquí estoy con mi sombrero de arqueóloga y prehistoriadora,  intentando dar solución a esta pregunta:

He rastreado imágenes, libros, comics, películas,… este es el fruto de mi búsqueda:
 (Hace un millón de años)

Esta es la imagen que tenemos de la mujer en la Prehistoria, estereotipada, cargada de prejuicios sexistas. Una imagen para defender la visión sexista de nuestra sociedad actual. Son mujeres consideradas hermosas, con poca ropa. Si nos vamos a publicaciones “serias” (museos, obras científicas…) encontramos a madres, mujeres en actitud pasiva y como mucho recolectando. Frente a esta imagen, tenemos a la del hombre: fuerte y activo. Cazando o haciendo algo provechoso para el clan. Manipulación intencionada de distintas fuentes (prejuicios sexistas de siglos pasados)

He recurrido a estudios etnográficos comparativos con los llamados pueblos primitivos actuales o con chimpancés, pero estas conclusiones pueden llevarnos a engaños.

Voy a bucear en la Arqueología para que me ayude a investigar acerca del verdadero papel de la mujer en la Prehistoria. Buscaré en tres fuentes de información: enterramientos, objetos y arte; aunque no es posible conocer exactamente el papel de cada sexo en esta sociedad, si parece que hubiera una división de deberes (datos que podemos extraer por marcas en los dientes de poblaciones neandertales)

  •    Enterramientos: nos darán  pistas acerca del sexo, la edad, las patologías, las enfermedades y la dieta  del individuo enterrado. El  ajuar que le acompaña nos hablará del rango social.  Estos datos permiten analizar si existen diferencias o no entre los sexos
  •     Objetos: un yacimiento puede darnos ideas de distintas zonas de ocupación (hábitat, trabajo). Estos objetos nos habla de distintos trabajos, algunos de ellos asociados a las mujeres (tejer o cocinar), aunque no fácilmente otorgable.    
  •     Manifestaciones artísticas: si hablamos de imágenes antropomorfas, aparecen de forma mayoritaria mujeres a las que se representan con los atributos femeninos muy exagerados. Son las llamadas Venus, o diosas-madres de la fertilidad y la fecundidad.
                                                       (Venus de Willendorf)



Y, esto es lo que he descubierto:

Todos los humanos perseguimos la supervivencia y la perpetuidad. Esto nos lleva a buscar la energía necesaria  para conseguirlo y la cooperación.

En tiempos de cazadores y recolectores las funciones de hombres y mujeres eran completamente complementarias e indispensables para la supervivencia.

La mujer se encargaba de la recolección. Este era un papel muy importante, pues en ocasiones el clan solo contaba con el producto de la recolección para alimentarse. Durante los primeros momentos de la agricultura fueron las mujeres las que tenían encargada esa faceta. Las mujeres también se dedicaban a la caza menor, pesca, recolección, amén de atender a los niños Debemos a las mujeres los fundamentos de la química al trabajar con esmaltes y cosméticos; de la medicina descubriendo las propiedades de algunas plantas.

Cuando el hombre  se implica en las actividades agrícolas, la mujer pasó a ocuparse de cuidar y tejer. Nuevamente, se trata de una labor importantísima, ya que los tejidos se convirtieron en objeto esencial del comercio.

Sabemos que se hicieron útiles de piedras, hueso y maderas. Que se usaron pieles de animales. Que se cazó y recolectó. Que se construyeron cabañas y se ordenó el espacio. Qué lucharon varios clanes entre sí.  Pero ¿quién lo hizo?, nada nos hace pensar que las mujeres no fueran un elemento importante en estas sociedades.      

 @camachomanarel