miércoles, 13 de abril de 2016

Hacer de nuestro pasado patrimonio




Dedicado a mis alumnos y alumnas del Programa de Diversificación Curricular de 4º ESO del IES Las Lagunas
“Hay en el ser y pertenecer un profundo consuelo del alma, una sanación íntima que restablece en la persona el sentimiento de ser merecedora de un lugar, de una pertenencia al mundo. Legitimar esta necesidad va más allá de las competencias, méritos, esfuerzos o características propias »
Alain Vigneau


« Hacer de nuestro pasado patrimonio »
Esperanza Samaniego García
Orientadora IES Las Lagunas

A propósito de la nueva incursión educativa de la que me ha hecho partícipe la directora de mi instituto con la creación del blog «Un salto desde Altamira» y la celebración del día de la Mujer, propuse en unas sesiones de tutoría al grupo de Diversificación del centro, como cotutora de este grupo, la lectura y reflexión del papel que desempeñaron las mujeres en la Prehistoria. Tenía curiosidad por indagar cómo percibirían las diferencias según el sexo en estas primeras comunidades humanas en donde ya se apreciaba una clara división de las tareas. ¿Pensarían que había habido mucha evolución en los papeles desempeñados y en su consideración social?
Respondiendo a esta pregunta, prácticamente la generalidad del alumnado de este grupo de 4ºESO piensa que en la actualidad hay menos sexismo que en la Prehistoria. Opinan que en estos momentos se ha conseguido una mayor igualdad de oportunidades en el acceso laboral y mayor acercamiento en la asunción de las labores domésticas que hace unas décadas. 
Todos señalan tareas a las que se dedicaban hombres y mujeres en este antiguo periodo histórico, con una concepción menos preciada de las dedicadas a la maternidad, a pesar de ser imprescindibles para la continuidad de las comunidades. Son conscientes de que —en los primeros momentos de vida de una persona en aquella época— únicamente podían ser alimentados por las madres, aunque señalan que otro tipo de cuidados de las personas más pequeñas y mayores podrían ser abordados por ambos sexos.


Tomando como referencia el artículo « El lugar de la mujer en la Prehistoria » de Margarita Sánchez Romero —profesora del Departamento de Prehistoria y Arqueología de Universidad de Granada— el problema es precisamente que a las actividades a las que se dedicaban las mujeres (relacionadas con «lo doméstico») se les han dado poco valor. Tradicionalmente se ha considerado que no requieren ningún tipo de experiencia o conocimientos para su desarrollo y, aún así, se convierten en fundamentales para cualquier sociedad, independientemente de su modo de subsistencia.
En todas las sociedades conocidas existe una división del trabajo por sexos. Esta separación no significa que un grupo realice tareas menos importantes que el otro, sino que es un mecanismo para poder obtener mejores recursos. Precisamente algunas teorías apuntan que este reparto de roles o funciones está muy relacionado con la maternidad de las mujeres —como señalaba el alumnado—. En sociedades como las prehistóricas, la alimentación de los bebés mediante la lactancia era fundamental y esto hizo que las mujeres se dedicaran a las actividades de mantenimiento y espacio doméstico pero sin que esto significara que su rol era menos importante. Eso vino después, afirma la profesora.
En palabras de Margaria Sánchez «las mujeres son las grandes olvidadas de las sociedades prehistóricas. Tenemos la visión de que el individuo-tipo de esa época es el adulto masculino, prácticamente occidental, y nos olvidamos del resto de los miembros del grupo». En las sociedades de la Prehistoria no tenemos datos que nos lleven a pensar que las mujeres no cazaban o que no intervinieron en determinadas producciones, como las de la piedra tallada o la metalúrgica. Además, muchas imágenes del pasado las muestran plenamente integradas en cuestiones rituales y religiosas. Por otra parte, los ajuares funerarios que encontramos en las sepulturas muestran que sí había diferencias entre más o menos importantes pero no muestran, por ejemplo, diferencias entre hombres y mujeres. 
De esta forma podemos concluir diciendo que la sociedad prehistórica era más igualitaria que la sociedad moderna. Al menos, por lo que respecta al reparto de tareas entre los hombres y las mujeres. Como sabemos, las mujeres no sólo se dedicaban a la crianza; también a la caza menor, a la pesca o a cultivar el campo. Puede parecer sorprendente, pero las sociedades que giran en torno a la naturaleza y viven en contacto directo con ella actúan de manera más igualitaria.
Terminada esta propuesta comparativa entre las diferencias del papel de las mujeres en la Prehistoria y en la actualidad, se me ocurrió plantear una segunda parte del trabajo al grupo después de acudir a la presentación del libro « El Clown esencial », de Alain Vigneau, en La Térmica el día 9 de marzo. En palabras del autor, este libro surge de las observaciones, reflexiones y experiencias que ha registrado a lo largo de estos últimos veinticinco años dentro del ámbito artístico-terapéutico del clown.

Alain Vigneau, clown y terapeuta gestáltico, toca lo más profundo con ternura y cuidado haciéndonos ver que la vulnerabilidad es un espacio donde conectamos con nosotros y nosotras mismas, y nuestro pasado, sea cual sea, es nuestro patrimonio. Desde esta vulnerabilidad en la que se celebra nuestra torpeza e inutilidad, nuestros éxitos y nuestros fracasos, para mirarnos sin culpas ni prejuicios, para tomarnos tal como somos y para abrazar nuestra realidad interna, conecté con esta idea tan potente para mí de que nuestro pasado se convierte en nuestro patrimonio.

Les pedí entonces a los alumnos y alumnas de Diversificación que preguntaran a las mujeres significativas y cotidianas de sus vidas —madres, abuelas, tías…— cómo había sido su experiencia de ser mujeres en la vida y qué recomendaciones les daban al respecto. Pretendía que fuera un ejercicio de escucha familiar, de esos en los que se trasmiten preciados legados que dejan huella y a los que se pone en valor la voz de las mujeres y nos empoderan.

También ellas hablan de maternidad y trabajo en la sociedad actual y lo hacen orgullosas de ello. Rocojo aquí algunos fragmentos de las anotaciones de esas conversaciones o entrevistas que los alumnos y alumnas hicieron al respecto con estas mujeres y que han querido compartir tan generosamente:

«Ser mujer es un privilegio. La forma de decir de qué manera me ha repercutido ser mujer se resume en la persona que soy hoy. Mi familia, mi trabajo y mi casa está ligado a mí como un vínculo inexorable por muchas penas que haya sufrido. Siempre he sabido levantarme con el apoyo de mis vínculos. He de decir que lo más hermoso que he experimentado hasta el momento es cada instante que paso trabajando en lo que siempre deseé y viviendo con la familia que tuve». (José Torreblanca González)

Otra alumna, Lourdes Llamas García, comenta en clase que su madre le ha dicho que «ser mujer es una alegría» y que para ella lo más importante es ser madre. El consejo que le aporta es que «nunca dependa de nadie; que sea independiente».

Esta es una recomendación bastante repetida en el grupo. Hablamos de la importancia de formarnos para encontrar un trabajo que nos guste y nos permita ser personas autónomas, que nos permita tomar nuestras propias decisiones en la vida. 

La madre de Manuela Camargo Bonilla le explica que ser mujer ha sido un bien para sus hijas e hijo y que ha tenido más dificultades en el terreno laboral y sentimiental que los hombres. Le da el consejo de «que no tenga prisa en tener novio porque todo tiene su tiempo y pueda disfrutar sin preocupaciones». También le habla sobre «la importancia de hacerse respetar y estudiar».

A Andrea Rojas Rubio su madre le ha contado lo que le ha marcado ser madre y que lo más preciado que tiene son sus hijas. Le recomienda que viva «todo a su tiempo». Como vemos, esta es otra idea que se repite: hay un tiempo para cada cosa y un momento en el que podrán abordar cada situación con más satisfacción y responsabilidad.

Este ha sido el trabajo desarrollado por el grupo de Diversificación sobre el relevante papel de las mujeres en la Prehistoria y de escucha activa de las experiencias y aprendizajes que a sus madres les ha brindado la vida.

sábado, 9 de abril de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

María Sanz de Sautuola


Natalia Paulete, alumna de 2º de bachillerato del IES Las Lagunas (Rutas Turísticas por España y Andalucía), nos habla de  la infancia de María

"Hago demasiadas preguntas"  

Hija de Marcelino Sanz de Sautuola. Descubrió las pinturas de la Cueva de Altamira. Su padre era un erudito al que encantaba despertar la curiosidad de su hija. La gran biblioteca de su casa y las colecciones de Ciencias Naturales del gabinete de su padre forjaron su basta cultura.   Vivía entre Santillana del Mar y Santander. La vida urbana le gustaba: el circo, las librerías donde estaban sus lecturas preferidas (de dragones y princesas), los parques, los paseos y la playa.

María, como las niñas de su época, no fue a la escuela. Una tutora le enseñó a leer, escribir, historia, las operaciones básicas y buenos modales.

Entretenía su tiempo con juegos infantiles. Corría con sus peonzas, sus mascotas. Trepaba por ls árboles. Se entretenía con la muñeca que su padre le trajo de Paris. Le gustaba jugar a ser arqueóloga.

Y, así fue cuando, acompañando a su padre a la Cueva de Altamira, dijo :  ¡Papá, en el techo hay pintado bueyes!.

Biografía de María Sanz
Biografía de María Sanz